Los 8 dificultadores de la comunicación

¡Hola a todo el mundo!

Lo prometido es deuda y aquí estoy compartiendo como dije en la entrada de ayer los dificultadores de la comunicación según Pere Portero en su libro Piensa menos, vive más“.

En la entrada anterior “Los 3 facilitadores de la comunicación” compartí con vosotros las 3 “herramientas” que facilitan una buena comunicación y hoy vamos a por los que al contrario,  la dificultan. En este caso suman un total de 8, según Portero. 

1. Etiquetar

No es lo mismo decir “TÚ ERES” que “TÚ HACES”. La primera denota que es una verdad absoluta e inamovible, es decir, que si somos de una cierta manera no podremos cambiarlo, en cambio por hacer, podemos hacer y dejar de hacer miles de cosas. Además cuando nos etiquetan, acostumbramos a actuar de ese mismo modo y cuando lo hacemos, nos etiquetan. Así que sabiendo que no produce el mismo efecto una que otra, evitemos las etiquetas, a nadie le gustan.

2. Generalizar

Pere Portero nos aconseja que no usemos los términos Nunca, Siempre, Nadie, en absoluto, etc. En muchas ocasiones utilizamos estos palabros por vagueza o descuido de definir la realidad o de ser más concretos y no somos conscientes de lo molesto que puede llegar a ser. Tan sólo hay que pensar en cuándo alguien empieza una conversación diciéndonos: “Tu siempre eres así o asá…”. No seamos tan perezosos, definamos las situaciones con más criterio. 

3. Hacer reproches

Una cosa muy mala que tienen los reproches es que tan sólo que lo parezcan, es que lo son. Acostumbramos a echar en cara los reproches cuando ya no podemos más, cuando hemos aguantado una situación una y otra vez y no hemos sido capaces de objetar que esa situación era molesta. Es mejor, además de no esperar a este “se colmó el vaso”, objetar que es lo que nos molesta y sobre todo ofrecer una solución, y no caer en dar importancia a las veces que se ha podido repetir la situación.

4. ¡Exigir!

Si me dices que haga una cosa no la haré, y si por el contrario me dices que no, seguramente me apetezca hacerlo. Sí, así somos.

Es por eso que exigir no acostumbra a dar muy buenos resultados (sobre todo entre padres e hijos, como dice Portero) y si en vez de exigir pensaramos en negociar y fuéramos apaces de aceptar que en las negociaciones ambas partes salen ganando, nos evitaríamos más de una discusión. 

5. Hablar ambiguamente

Este principio está estrictamente relacionado con el de generalizar. Pere Portero nos aconseja ser más concretos cuando nos queramos comunicar, que aunque sea más laborioso y comporte más riesgo de equivocación, más respeto nos tendrán los demás, ya que será mucho más sencillo ver si nos eqvuivocamos o no. 

Esto no es bueno en casi ningún ambiente, ya que hablar ambiguamente conlleva confusión, aunque desgraciadamente en muchos ámbitos de la sociedad actual, la ambigüedad es una herramienta para conseguir objetivos.

6. Justificarnos excesivamente

– ¿Podrías hacer…?

– No.

¡No des explicaciones si no te las piden! Me gusta lo que dice Pere y es que las personas hábiles y respuetosas nos las piden.

7. Cortar la conversación

Esto ocurre, en muchas ocasiones porque creemos que ya sabemos de ante mano lo que el otro nos quiere decir y en otras nos cortan porque podemos llegarnos a enrollar como persianas. Portero nos dice, que en el caso de ser emisores debemos usar la fórmula más sencilla para hablar: Sujeto + verbo + complementos. En el caso de ser receptores, si nuestro interlocutor se enrolla y enrolla, es muy sencillo…tan sólo hay que decírselo.

8. Dar consejos no pedidos

Portero remarca que en nuestro entorno, lo que no cuesta, no vale. Es decir que los consejos que no son pedidos, seguramente tampoco serán valorados. Además, si lo pensamos un poco dar consejos sin que nos los pidan es algo bastante soberbio. Es cierto que en muchas ocasiones podemos parecer presuntuosos aunque creamos estar ayudando al otro, ya que podemos hacer sentir al otro estúpido por no haber pensado él mismo en la solución. Portero nos recomienda que compartamos el consejo al estilo: “he tenido una idea”, haciendo partícipe a nuestro interlocutor del consejo, e incluso en ocasiones hacernos un poquito de rogar para explicarselo, con el único objetivo de que lo valore y lo quiera escuchar.

good life

Aunque leer teorías de comportamiento puede crear estrés/ansiedad, porque seguramente nos hagan pensar en nuestra forma de actuar y en si es necesario que realicemos cambios, creo que todos deberíamos hacerlo. Con ello conseguiríamos encontranos como individuos de una forma más efectiva. Y para ello creo que es necesario no presionarse y como cuando nos equivocamos, en vez de pensar en el fallo una y otra vez, deberíamos centrarnos en proyectar como lo vamos a solucionar en la próxima ocasión. 

Que tengáis un día genial.

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